pEquE iNfOrmEs 2013


pEquE iNfOrmE OCTUBRE 2013



♥ ¡¡Hola pequemundo!! ★


Éstas son algunas novedades del mes:

La 1º y más importante es que se adelantan las vacaciones y no hay fecha de regreso. A fin de año se cerrará Bibliopeque y todo lo que se haga, de esa fecha en adelante, será interno y silencioso.

Se seguirán actualizando y remodelando los blogs, completando todo aquello que no se hizo, rescatando de la computadora lo que no se pudo publicar y sigue, a la espera, oculto en quién sabe qué carpeta.

Los colaboradores de Bibliopeque van a poder seguir enviando sus trabajos y se alojarán en los blogs que cada uno tiene asignado, pero no se publicará en la página principal de Bibliopeque ni en las redes sociales ni en éste blog.

Se seguirá contestando correos, mensajes y ayudando en lo que soliciten hasta que no se pueda hacer más. Ese día, si llega, se inhabilitarán todas las vías de comunicación.

El próximo invitado, el número 8, ya se comprometió a enviar su presentación para los primeros días de noviembre. Lo esperamos con mucha alegría e ilusión.

También, algunos amigos de Bibliopeque están pensando en quién o quiénes serán los encargados de escribir la última entrada de este año. Todavía es muy pronto para decidirlo, aunque suponemos que muchos serán convocados para saludar y despedirse. Las ideas vienen bajando.

Recuerdos del futuro

Daniel Caminos se comprometió a realizar la ilustración de Bibliopeque 2014.
Se construyó este sitio para alojar todo lo seleccionado que no se publicó en estos 3 años. Cientos de cuentos esperan ser leídos y ya empezamos a trabajar.



MAR PÉREZ
Cuaderno de garabatos

Terminamos de construir el blog de María del Mar Pérez, DIDI, colaboradora y amiga de Bibliopeque. Todavía queda mucho trabajo por hacer. En este momento se está trabajando en un nuevo cuento que llegó hace pocos días y es precioso, les va a encantar leerlo. Ya verán.




Comenzó la etapa de evaluación de la VII edición del Premio UBA 2013 y ya publicaron los Blogs finalistas, les dejo el enlace al pdf institucional para que lo visiten y disfruten navegando por los blogs seleccionados. Son una preciosura.



Y ahora, a LEER


Cuento: GIRALUNA
De: Eduardo Gudiño Kieffer



Había una vez un inmenso, inmensísimamente inmenso campo de girasoles. Era como una luminosa alfombra amarilla, tendida desde la orilla del camino hasta más allá del horizonte. Era un campo de girasoles orgullosos. Cada uno quería ser el primero y se empujaba para ser más alto que el otro. Ni siquiera se hablaban.

Sólo les importaba crecer y crecer, amarillear cada vez más radiantes y siempre girando para no perder de vista al Sol. El Sol no les llevaba el apunte, seguía su camino tan alto, tan solo.

Así durante el día. ¿Y durante la noche?

Cuando el Sol se ocultaba los girasoles no tenían nada que hacer. Mustios y aburridos, se doblaban sobre sus tallos, bostezaban, y se quedaban dormidos hasta el nuevo amanecer. Entonces, cuando el Sol aparecía, los girasoles empezaban a levantarse.

Entre tantos girasoles había uno que nació más tarde. Por más que se estiraba y se estiraba, no lograba asomar su cabecita paliducha por entre la de sus hermanos. Y ni siquiera podía imaginarse cómo era ese Sol tan admirado, tan elogiado, tan adorado. Solamente por la noche, cuando los demás se dormían, nuestro girasol pequeñín podía ver el cielo. Entonces, por supuesto, el Sol ya no estaba, su tibieza y su luz ya no estaban.

Sin embargo otra luz, envolvía las copas de lejanos eucaliptos. Esa luz provenía de un disco de plata que navegaba entre millones de estrellas.

Esa luz misteriosa decía: “No soy el Sol, soy la Luna. Tengo mil nombres más, todos sagrados. Soy la diosa blanca que ordena las mareas y distribuye las lluvias. Soy la que vigila el crecimiento de las plantas y de los animales.”

El pequeño girasol se dejaba mecer por esas misteriosas palabras lunaluneras, que le sonaban como una extraña canción. La flor giraba su corola-coronita de plata, la seguía y la escuchaba:

“No sólo el Sol, girasol, no sólo el Sol, te da lo que le pidas. También yo, Luna, tan generosa como ninguna, soy dueña de la vida. Si tus hermanos son para el Sol, girasol, vos sos para la Luna. Y nadie te dirá nunca más girasol, te dirán Giraluna.”

Ahora alguien lo conocía. Alguien le hablaba. Alguien se ocupaba de él. Alguien le había dado un lindo nombre: Giraluna.

Y así siempre. Porque en el Universo hay lugar para todos. Porque en el tiempo caben el día y la noche, las cuatro estaciones, el Sol, la Luna y todos los hombres del mundo. Porque los altos y los bajitos, los flacos y los gorditos, los lindísimos y los no tanto… todos tienen algo que hacer, algo en que pensar, alguien a quién querer para poder ser. Se llamen Girasoles o Giralunas.

FiN


Escrito por Eduardo Gudiño Kieffer, con ilustraciones de Javier González Burgos
Buenos Aires : Emecé, 2005


Especial Día de las Madres

LAS HUELLAS DEL TIEMPO,
por Claudia de Angelis

Después de hojear el álbum de fotos, de recorrerlo con sus manos, de acariciarlo con sus sentidos, se dio cuenta de cuánto había crecido. Entendió con lágrimas que ya no necesitaba de sus canciones para dormir y que la música, la ropa, los peinados y no sabía cuántas cosas más habían quedado atrás.

Pensó en el paso del tiempo. Reticente y esquiva se preguntaba si aquellos momentos tangibles
podían medirse o si eso que sentía era la medida de su angustia.

Parecía no darse cuenta de que nada era como entonces. Cuando llegó a la última página del álbum, encontró una nota y un dibujo. Una sensación rara le recorrió el cuerpo y le estremeció el corazón. Miró muchas veces el papel, leyó otras tantas aquellas letras garabateadas, y en voz alta repitió esas dos palabras que ahora tanto necesitaba escuchar.

Tuvo ganas de llamarla, pero supuso que no estaría libre para atender el teléfono. Se secó las lágrimas y sonó su nariz. La frotó con fuerza como para meter adentro aquella cantidad de sensaciones que la embargaban, luego guardó el papel con el dibujo en el bolsillo de su delantal. La emoción hizo que dejara olvidado sobre la cama el álbum de fotos que la había hecho detener el tiempo en un pasaje de su vida que la alegraba y la hacía sentir que todo valía la pena, aun su tristeza.

Estaba en la cocina cuando el aroma de las verduras hirviendo le llegó al estómago embriagándola de hambre. Para saciarse saboreó una tostada con queso blanco y se tomó un mate. Mientras limpiaba la casa pudo poner en orden lo que sentía. Como en un rompecabezas reconstruía cada parte de su cuerpo. De a poco comenzó a sentirse casi feliz, sin embargo algo faltaba. Aquel espacio imperfecto, vacío, no lograba llenarse con nada.

Cuando terminó de limpiar y colgar la ropa se quitó el delantal y preparó todo para ducharse, se miró al espejo, quería guardar en el suave masaje de sus dedos, sus preguntas sin respuestas.

Ese día tenía que verla y quería estar radiante. Se maquilló, usó sombra para sus ojos y los delineó para liberarlos de su aflicción. Pintó sus labios y después de quitarse los ruleros, se peinó. Estaba linda. Fue a su cuarto abrió el placar y eligió ropa nueva, estaba segura de que a ella le gustaría. Estrenó perfume y zapatos, se colgó la cartera en el hombro y salió. Esperó el colectivo, cuando subió se sentó en el asiento que quedaba libre. Miró por la ventana y se dejó llevar por las sensaciones, sin parpadear recorrió las calles que conocía de memoria y por las que había caminado tantas veces con ella de la mano. Pasó por la puerta del instituto y sonrió emocionada. El aire fresco que entraba por la ventanilla despeinó su cabello y un escalofrío la volvió a la realidad. Miró hacia afuera, ese barrio ya no le era familiar era el lugar adónde ella vivía. Cuando vio el viejo almacén recordó el día en el que la había visitado por primera vez y se dio cuenta que debía bajar en la próxima parada.

Sabía que le faltaban dos cuadras para llegar. Las caminó lento, tenía miedo. Sacó del bolsillo el papel que indicaba la dirección y se dio cuenta de que estaba cerca. Miró hacia adelante, respiró hondo, tomó coraje y entró. Ella la esperaba ahí, sentada en una mesa, la misma cara que la de la foto, la misma hermosa expresión en su sonrisa. La miró sin que se diera cuenta. Sintió ganas de correr a abrazarla, de acariciarla como cuando era niña, tuvo ganas de decirle cuánto la extrañaba y lo mucho que le costaba sentirla lejos. Eso le pasaba, lo que sentía no tenía que ver con la ausencia. La ausencia era dejar de verse y eso no les sucedía.

Ella había crecido y había tenido ganas de independizarse, de armar su propio mundo y de valerse por sí misma. Era bueno comprenderla, era como ayudarla a calzarse las alas que tenía a medio poner, era de algún modo, transmitirle toda la confianza que necesitaba para comenzar a desandar su propio camino.
Eso estaba comprendido pero nunca superado. Hizo lo imposible por no recordar el día de su partida, pero su mente la traicionó. Justo en el momento en que derramó una lágrima, ella la descubrió detrás de una columna del bar.

Se abrazaron fuerte, sintiéndose y reconociendo el vínculo infinito que las unía. Se rieron, compartieron el almuerzo, los postres y un café. Después ella la invitó a su casa. El día se despedía con lentitud y el último rayo del sol caía sobre las hojas de un potus limón que su mamá le había regalado cuando sólo tenía tres diminutas hojas. Lo largo de aquella planta crecida daba cuenta del tiempo en el que se habían separado. Angélica miró el pequeño living, el cuarto y las mismas fotos del álbum que su hija lucía en un estante de la biblioteca. Tomaron el tercer café de la tarde y volvieron a comer masitas.

Eran las ocho cuando decidió irse. Se colgó la cartera y se despidieron con un beso y una mirada eterna que lo decía todo. Mientras caminaba recordó lo vivido, volvió a recorrer cada escena de aquel capítulo que las dos habían aprendido a escribir. Sintió que el maquillaje se derramaba por su piel como sus lágrimas de rímel por las mejillas pero ya no le importaba como se veía. Nada la perturbaba.
Hubiera querido inmortalizar el tiempo con su hija pero recordó una frase que se repetía desde que la niña había comenzado a crecer: “Si amas a alguien déjalo libre, si vuelve a ti es tuyo, si no vuelve jamás lo fue…” se convenció de todo, y entendió de cuántas maneras la amaba.

Cuando llegó a su casa en el contestador tenía un mensaje:

-Mamá, cada vez que nos vemos quiero eternizar el tiempo, te amo, Belén.
No tuvo dudas. Fue hacia su cuarto y abrió el álbum. Buscó en el delantal el papel dónde se veían dibujadas y lo comprendió todo, su hija era aquella niña que con garabatos le decía lo mismo.




Copyright © 2013. ® Claudia de Angelis. Buenos Aires, Argentina

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Ilustración: Cecilia Varela, Buenos Aires, Argentina.
Del libro: Ellas hicieron historia. Mujeres admirables-Anaya Infantil

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¡Gracias, Claudia!

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Y esto ha sido todo desde acá.

Por ahora, ya no hay más.


Informaron desde Coronel Dorrego para toda la blogósfera, los peque de la biblio.


★ Mi Primer Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2011


★ Mi segundo Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2012


★ Mi tercer Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2013

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